jueves, 12 de enero de 2012

Adentro

Es una de esas noches sofocantes de enero. La soledad que tanto desconozco, hoy me toca. El teléfono suena, dudo en atender, no quiero ninguna invitación, fiestas, ensayos carnavaleros, cervezas, me aburre. Bañarme, pensar en un atuendo, el pelo. Toda gorda. No. A salvo en mi cocina, casi desnuda, mezclo esto con aquello, lo meto al horno, magia. Què belleza, què paz. De pronto, ese vicio que se queda sin gasolina. Hay que salir. Pereza infinita. Correas a los perros, un vestidito nuevo, espejo, no està tan  mal aunque me lo haya regalado mamà. Buen gusto siempre tuvo. Son dos cuadras, nadie me va a ver, sin embargo lo pruebo, por primera vez, lo estreno en ese paseo solitario que me espera en silencio. Es en tonos verdes y el saquito es blanco, sin mangas, y como estoy con algo de tono por el sol (me doy cuenta en ese momento), funciona. Me subo al ascensor, vacìo, què alegría. Transito esas dos calles que de casualidad por la fecha están despobladas. El viento alucinante contrastando el calor del encierro me, en la estación me miran bien, a mi con mis perros blancos y mi ropa nueva que intento mover como si fuera de toda la vida. Tan natural, tan regia, con tantas cosas para hacer pensaràn los jóvenes que me ven. La estaciòn toda iluminada, moderna, llena de vida. A la vuelta mpiezo a imaginar mientras camino, con esa felicidad extraña que me recorre el cuerpo, es esa brisa que me da en la cara, en el pecho, en los brazos y me hace acordar que la naturaleza en realidad existe y que tal vez me gustaría seguir caminando quien sabe hasta dònde. Cuàntas aventuras y personas interesantes podría conocer, cuàntos misterios hay en el mundo para vivir y explorar. Podrìa ahora mismo sacar mis ahorros del cajero e ir a dònde me lleve el viento, tal vez cruzar fronteras, descubrir tantas cosas! Llego a la puerta, subo al ascensor, atravieso la cocina, paso a la terraza, y me siento en mi banquito a fumar ese cigarro con tanto placer, como si fuera el ùltimo.  Miro todo lo que puedo ordenar, decido dejarlo para mañana, me tiro con el libro de turno, suena el teléfono, vuelvo a no atender. El placer de mi pequeño mundo que me rescata de la inmensidad de lo que està allà afuera, de lo que podría llegar a ser.

1 comentario:

  1. Ese pequeño mundo tan necesario.
    Lo siento y he sentido tantas veces. Casi todas las noches. Me da verguenza decir esto pero hay dias que estoy rodeada..mis hijos , mi pareja...y lo extraño. Extraño mi copa de vino, mi mente libre, mi espiritu libre, dejarme llevar por lo creativo, a donde sea. Leer, investigar, escribir..mirar..escuchar..bailar...disfrutar...de mi y mi soledad...

    La decima

    ResponderEliminar